Parashá 36 BeHaalotjá
Números 8:1-12:16
Aliyás de la Torá:
1. 8:1-14
2. 8:15-26
3. 9:1-14
4. 9:15 – 10:10
5. 10:11-34
6. 10:35 – 11:29
7. 11:30 – 12:16
8. Maftir 12:14-16
Haftará: Zacarías 2:10 (v. 14 heb.) – 4:7
BeHaalotjá
significa “cuando hagas subir”
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Contexto de la Parashá Behaalotjá
La parashá Behaalotjá narra la transición de Israel desde la organización del campamento en el desierto hacia su
marcha rumbo a la Tierra Prometida. Comienza con el encendido de la menorá y la consagración de los levitas, quienes
son apartados para servir en el Tabernáculo en representación de todo el pueblo. A través de ceremonias de purificación,
sacrificios y dedicación, se enfatiza la importancia de la santidad y del servicio a Dios.
La parashá también relata la celebración de Pesaj en el desierto, la institución de Pesaj Shení (la segunda oportunidad
para celebrar la Pascua) y la guía constante de Dios mediante la nube que dirigía cuándo el pueblo debía avanzar y
cuándo debía permanecer acampado. Esto enseñó a Israel a depender completamente de la dirección divina.
Más adelante, el pueblo inicia su viaje desde el Sinaí, guiado por el arca del pacto y el sonido de las trompetas de plata.
Sin embargo, en medio del camino surgen quejas, murmuraciones y deseos desordenados. Israel comienza a añorar
Egipto y desprecia la provisión del maná, revelando un problema de gratitud y confianza en Dios.
Ante la carga de liderar a una nación tan numerosa y conflictiva, Moshé recibe ayuda mediante los setenta ancianos
sobre quienes Dios derrama parte de Su Espíritu. La parashá concluye mostrando tanto la fidelidad de Dios al guiar y
sostener a su pueblo como los peligros de la queja, la codicia y la falta de fe.
Tema central de la parashá: Dios llama a su pueblo a ser una luz, a vivir en santidad y a depender completamente de
Su presencia y dirección. La obediencia, la gratitud y la confianza en Él conducen al crecimiento espiritual, mientras que
la murmuración y la codicia alejan al hombre de los propósitos divinos.
Conexión entre la Parashá Nasó y la Parashá Behaalotjá
La conexión principal entre Nasó y Behaalotjá es el paso de la consagración al servicio activo.
En Nasó, Israel termina de organizarse alrededor del Tabernáculo. Se realizan censos, se establecen responsabilidades
para los levitas, se enseña sobre la pureza del campamento, se da la bendición sacerdotal y los líderes de las tribus
presentan sus ofrendas para la dedicación del altar. El énfasis está en la preparación, la santificación y la
dedicación.
En Behaalotjá, todo aquello para lo que Israel fue preparado comienza a ponerse en práctica. Aarón enciende la
menorá, los levitas son consagrados oficialmente para su ministerio, se celebra Pesaj, la nube empieza a mover al pueblo
y finalmente Israel inicia su marcha desde el Sinaí hacia la Tierra Prometida. El énfasis está en la acción, el servicio y
el caminar con Dios.
Podríamos resumirlo así:
Nasó: Dios prepara y ordena a Su pueblo.
Behaalotjá: Dios pone a Su pueblo en movimiento.
Además, hay una conexión muy hermosa entre el final de Nasó y el inicio de Behaalotjá. En Nasó, los príncipes de las
tribus presentan sus ofrendas para la dedicación del altar. Inmediatamente después, en Behaalotjá, Dios ordena a Aarón
encender la menorá. Según la tradición judía, Aarón pudo haber sentido que la tribu de Leví no participó en las ofrendas
de los líderes, pero Dios le muestra que su servicio de encender la menorá tiene un valor especial. Así, la dedicación del
altar en Nasó encuentra su continuación en la iluminación del santuario en Behaalotjá.
Aplicación espiritual
Nasó nos enseña que Dios primero ordena, limpia y prepara nuestras vidas. Behaalotjá nos enseña que después de la
preparación viene el momento de servir, avanzar y seguir Su dirección.
No basta con ser consagrados; debemos caminar en aquello para lo que fuimos consagrados. No basta con organizar el
campamento; hay que seguir la nube cuando se levanta.
Frase clave de conexión:
Nasó muestra a Israel preparado alrededor de la presencia de Dios; Behaalotjá muestra a Israel avanzando
guiado por la presencia de Dios.
EMPEZAMOS:
Primera aliyá, 8:1-14
Esta aliyá comienza con el encendido de la menorá por parte de Aarón. La Torá coloca este mandato después de las
ofrendas de los líderes de las tribus para mostrar que, aunque la tribu de Leví no participó en esas ofrendas, también
recibió un privilegio especial: el servicio sagrado en el Tabernáculo. El encendido de las lámparas simboliza llevar luz y
dedicar la vida al servicio de Dios.
Luego se describe la consagración de los levitas. Para servir, debían ser purificados mediante agua, el lavado de sus
ropas y el paso de la navaja sobre todo su cuerpo. De manera espiritual, esto nos enseña que la Palabra de Dios debe
remover aquello que pertenece a la naturaleza carnal para prepararnos para un servicio santo y eficaz.
Toda la congregación participó simbólicamente imponiendo las manos sobre los levitas. Este acto representaba unidad,
representación y dedicación. Los levitas fueron apartados para representar a todo Israel delante de Dios, tomando el
lugar de los primogénitos, y fueron ofrecidos como una especie de sacrificio vivo al servicio del Eterno.
La Torá menciona varias veces que Aarón debía mecer a los levitas delante de HaShem. Más allá del acto
ceremonial, esto enseña que quienes sirven como líderes deben pasar por procesos de prueba y sacudimiento espiritual.
Estos momentos permiten que desaparezca lo superficial y permanezca solamente lo que está firmemente fundamentado
en Dios y en Su Palabra.
Los levitas también ofrecieron sacrificios: una ofrenda por el pecado y una ofrenda de ascensión. Esto señala dos
principios fundamentales: primero, que el perdón y la expiación son necesarios para acercarse a Dios; y segundo, que
quien sirve debe entregarse completamente a Su voluntad. Desde una perspectiva mesiánica, estas ofrendas apuntan al
sacrificio de Yeshúa, quien abrió el camino para acercarnos al Padre.
Finalmente, Dios declara que los levitas le pertenecen de manera especial. Esto nos recuerda que toda persona
consagrada al Eterno ya no vive para sí misma, sino para glorificar a Dios con su vida, reconociendo que ha sido apartada
para Sus propósitos.
Enseñanza central: Para ser una luz para otros y servir al Eterno, primero debemos permitir que Él nos purifique, nos
forme a través de las pruebas y nos enseñe a depender únicamente de Su Palabra.
Segunda aliyá, 8:15-26
Después de su purificación, los levitas podían comenzar oficialmente su ministerio en el Tabernáculo. Antes de servir,
debían pasar por la mikvé (baño ritual), símbolo de una vida nueva. Esto enseñaba que el servicio a Dios requiere dejar
atrás la antigua manera de vivir y consagrarse completamente a Él.
Dios declara que los levitas son un don para Aarón y los sacerdotes, apartados para servir en favor de todo Israel. De
la misma manera, en el Nuevo Pacto, el Mesías Yeshúa concede diferentes dones ministeriales a su pueblo para
capacitar, enseñar y edificar a la congregación. Ningún líder posee por sí solo toda la plenitud del ministerio del Mesías;
cada uno refleja una parte de ella y trabaja junto a los demás para fortalecer al cuerpo del Mesías.
La función de los levitas también protegía al pueblo. Al servir en representación de Israel dentro del santuario, evitaban
que el pueblo se acercara de manera indebida y sufriera juicio. Esto muestra el cuidado y el amor de Dios por su pueblo,
al proveer medios para acercarse a Él de manera correcta.
Finalmente, se establece que los levitas comenzaban su preparación para el ministerio a los veinticinco años. Según la
tradición judía, pasaban aproximadamente cinco años de formación antes de asumir plenamente sus responsabilidades.
Esto enseña que el liderazgo y el servicio no deben ejercerse sin preparación, sino después de un tiempo de aprendizaje,
crecimiento y madurez.
Enseñanza central: El servicio a Dios requiere una transformación personal, preparación constante y una vida dedicada
al bienestar espiritual de los demás. Antes de ser usados por Dios, debemos permitir que Él nos forme y nos capacite
para cumplir fielmente nuestro llamado.
Tercera aliyá, 9:1-14
En esta sección, Dios ordena a Israel celebrar la Pesaj en el primer mes del segundo año después de la salida de Egipto.
El relato aparece fuera del orden cronológico de los capítulos anteriores, enseñándonos que la Torá no siempre sigue una
secuencia estrictamente temporal, sino que organiza los acontecimientos según el mensaje que desea transmitir.
La instrucción de celebrar Pesaj «a su tiempo señalado» resalta la importancia de obedecer los tiempos establecidos por
Dios. La celebración de Pesaj era tan importante que incluso tenía prioridad sobre otras consideraciones, pues recordaba
la redención y liberación de Israel de la esclavitud egipcia.
Esta fue la única vez que Israel celebró Pesaj durante los años de peregrinación en el desierto. La razón principal fue que
muchos de los hijos nacidos durante ese período no habían sido circuncidados, y la circuncisión era un requisito para
participar plenamente en la celebración de Pesaj. Más adelante, al entrar en la Tierra Prometida, bajo el liderazgo de
Josué, la nueva generación fue circuncidada y pudo celebrar nuevamente la fiesta.
Enseñanza central: La redención debe ser recordada constantemente. Pesaj nos enseña que la relación con Dios
requiere obediencia, preparación y fidelidad a sus tiempos. Así como Israel debía recordar su liberación de Egipto, los
creyentes son llamados a recordar continuamente la obra redentora que Dios ha realizado en sus vidas.
Cuarta aliyá, 9:15 – 10:10
Durante la travesía por el desierto, Dios guiaba a Israel mediante la nube de Su presencia. Cuando la nube se
levantaba, el pueblo debía partir; cuando se detenía, debían acampar. De esta manera, Israel aprendió a depender
completamente de Dios, sin saber cuánto tiempo permanecería en cada lugar. Podían quedarse una noche, varios meses
o incluso años, pero siempre debían estar atentos y listos para obedecer.
Esta experiencia enseña una gran lección espiritual: la vida de fe consiste en seguir la dirección de Dios más que
nuestros propios planes. Así como Israel dependía de la nube, los creyentes deben aprender a depender de la guía del
Espíritu del Eterno, confiando en Él aun cuando no conocen todos los detalles del camino.
La obediencia de Israel no dependía solamente de ver la nube, sino también de escuchar la instrucción transmitida por
Moshé. Esto muestra que Dios guía a su pueblo tanto por Su presencia como por Su Palabra. La verdadera fidelidad
consiste en mantenerse sensibles a lo que Dios está haciendo y estar dispuestos a avanzar cuando Él llama, evitando
quedar estancados en costumbres o estructuras que ya no reflejan Su dirección.
Luego Dios ordena fabricar dos trompetas de plata, que servirían para convocar al pueblo, reunir a los líderes, ordenar
la marcha de los campamentos, alertar en tiempos de guerra y acompañar las fiestas y sacrificios. Las trompetas eran
señales que llamaban al pueblo a responder al mandato divino.
Enseñanza central: El pueblo de Dios está llamado a vivir en constante dependencia de Su dirección. Así como Israel
seguía la nube y respondía al sonido de las trompetas, nosotros debemos permanecer atentos a la voz de Dios,
dispuestos a movernos cuando Él guía y a permanecer cuando Él nos pide esperar. La obediencia y la sensibilidad a Su
dirección son esenciales para caminar bajo Su propósito.
Quinta aliyá, 10:11-34
En el segundo año después de la salida de Egipto, la nube de la presencia divina se levantó del Tabernáculo y el pueblo
inició oficialmente su marcha desde el monte Sinaí hacia la Tierra Prometida. Este acontecimiento marca el comienzo de
una nueva etapa en la vida de Israel, guiada completamente por la dirección de Dios.
Israel no partía por decisión propia, sino únicamente cuando Dios lo indicaba por medio de la nube. La marcha se
realizaba en colaboración entre la dirección divina y el liderazgo de Moshé. Esto enseña que el pueblo de Dios debe
aprender a esperar Su tiempo y seguir Su guía, en lugar de actuar únicamente según sus propios deseos o planes.
La Torá también destaca que Israel avanzaba con un orden preciso. Cada tribu tenía su lugar y función dentro del
campamento y de la marcha. Este orden reflejaba la importancia de la disciplina y la organización para cumplir los
propósitos de Dios.
Posteriormente, Moshé invitó a su suegro, llamado aquí Jovav (identificado por algunos comentaristas con Yitró), a unirse
al pueblo en su camino hacia la tierra prometida. Moshé le aseguró que compartiría las bendiciones que Dios había
prometido a Israel. Este episodio recuerda que las bendiciones dadas a Israel tienen un propósito más amplio: alcanzar
también a quienes deciden unirse al pueblo y al plan de Dios.
Enseñanza central: El creyente está llamado a caminar siguiendo la dirección de Dios, no adelantándose ni
quedándose atrás. La obediencia, la paciencia y el orden son esenciales para avanzar hacia el propósito divino. Además,
las bendiciones que Dios concede a Su pueblo están destinadas a extenderse y alcanzar a otros que decidan caminar
junto a Él.
Sexta aliyá, 10:35 – 11:29
Cada vez que el arca del pacto se ponía en marcha, Moshé proclamaba: «¡Levántate, HaShem!», y cuando el pueblo se
detenía decía: «Descansa, HaShem, entre Israel». Estas palabras expresaban la dependencia de Israel de la presencia
divina, pues cuando Dios se manifestaba, sus enemigos eran dispersados y el pueblo encontraba seguridad.
Sin embargo, poco después de partir, el pueblo comenzó a quejarse y a mostrar descontento. En lugar de agradecer la
provisión divina, recordaron con nostalgia los alimentos de Egipto y olvidaron la dureza de la esclavitud. El maná, que era
una provisión milagrosa de Dios, dejó de ser suficiente para ellos porque su corazón se llenó de insatisfacción y codicia.
La Escritura presenta este episodio como una advertencia sobre el peligro de la murmuración y el deseo desordenado. La
falta de gratitud puede llevar a despreciar las bendiciones que Dios ya ha dado. Por el contrario, reconocer que todo
proviene de Él transforma incluso las cosas materiales en oportunidades para adorarlo y agradecerle.
La carga de conducir a un pueblo descontento llegó a ser tan pesada para Moshé que expresó su agotamiento delante de
Dios. Entonces HaShem respondió compartiendo parte del espíritu que estaba sobre Moshé con setenta ancianos,
quienes fueron capacitados para ayudarle en la tarea de liderazgo. Esto muestra que la obra de Dios no está diseñada
para ser llevada por una sola persona, sino por un liderazgo compartido y fortalecido por el Espíritu.
Cuando los ancianos recibieron el Espíritu, comenzaron a profetizar, revelando que el verdadero liderazgo espiritual no
depende únicamente de capacidades humanas, sino de la acción y la capacitación divina. Moshé incluso expresó el deseo
de que todo el pueblo pudiera recibir el Espíritu y profetizar.
Finalmente, el lugar donde ocurrió el juicio por la codicia recibió el nombre de Kivrot-Hataavá («Sepulcros de la
Codicia»), recordando que el deseo egoísta e insaciable puede traer destrucción. La codicia no es simplemente un deseo
legítimo, sino una exigencia que nunca se satisface y que aleja el corazón de Dios.
Enseñanza central: La parashá contrasta dos actitudes: la gratitud y la codicia. Mientras la gratitud reconoce la
provisión de Dios y fortalece la fe, la murmuración y la codicia producen insatisfacción y alejamiento espiritual. Además,
enseña que Dios fortalece a sus siervos compartiendo la carga y derramando Su Espíritu para capacitar a quienes han
sido llamados a servir.
Séptima aliyá, 11:30 – 12:16
12:1 “Y habló Miryam y Aharón contra Moshé por causa de la mujer cushita que él había tomado (pues había tomado
una mujer cushita)” (LBLA revisada) – El texto hebreo dice que Miryam habló en primer lugar. Esto nos enseña que ella
tomó la iniciativa para hablar contra Moshé. Por eso sólo ella fue golpeada con tsaráat. Aharón actuó como una
marioneta, al igual que había hecho con el becerro de oro, y siguió al más fuerte en ese momento. Aharón no tenía una
columna vertebral de acero. En su afán de buscar la paz con todos, se dejó llevar por ciertas corrientes malignas. Le
faltaba carácter para resistir el mal. Pero, al mismo tiempo, era rápido en humillarse y pedir perdón.
Es muy grave hablar contra los que han recibido mucha confianza por parte del Eterno. Las consecuencias son
desastrosas. No hables mal de los que están puestos en posiciones de liderazgo en el pueblo de HaShem. HaShem se
encarga de juzgar al que comete semejante pecado con su lengua. Aquí vemos como la lashón hará fue castigada
con tsaráat.
12:6 “Él dijo: Oíd ahora mis palabras: Si entre vosotros hay profeta, yo, HaShem, me manifestaré a él en visión. Hablaré
con él en sueños.” (LBLA revisada) – Los profetas normales reciben mensajes en visiones y en sueños. Sin embargo, el
nivel de profecía que tenía Moshé rabenu fue superior a los demás.
Mashíaj en esta parashá
Estos pasajes contienen varias figuras y enseñanzas que, desde una perspectiva mesiánica, apuntan hacia Yeshúa y su
obra redentora.
La purificación de los levitas mediante el lavado de sus ropas simboliza la necesidad de una transformación completa,
asociada con la muerte a la vida antigua y el comienzo de una vida nueva dedicada a Dios. Asimismo, la expiación
realizada por Aarón anticipa la obra del Sumo Sacerdote celestial, Yeshúa, quien provee la purificación definitiva para su
pueblo.
En la celebración de Pesaj se establece que ningún hueso del cordero debía ser quebrado. Este detalle encuentra un
paralelo en la muerte de Yeshúa, cuyos huesos no fueron quebrantados, presentándolo como el verdadero Cordero de
Pesaj. Además, la advertencia de que quien rechazara participar en Pesaj sería excluido del pueblo resalta la importancia
de aceptar la provisión divina de salvación.
Las trompetas de plata también contienen un simbolismo profético. Su sonido convocaba al pueblo, anunciaba la marcha,
llamaba a la guerra y acompañaba las fiestas sagradas. Desde una interpretación mesiánica, estos toques anticipan
eventos relacionados con la venida del Mesías: la reunión de su pueblo, la victoria sobre los enemigos y la celebración del
Reino futuro.
La tribu de Yehudá marchaba siempre al frente de Israel. Esto refleja el papel del Mesías, descendiente de Judá, quien va
delante de su pueblo guiándolo y abriendo el camino.
De igual manera, el arca del pacto avanzaba tres días delante del campamento buscando un lugar de reposo. Este detalle
es visto como una figura de Yeshúa, cuya muerte y resurrección abrieron el camino para que su pueblo encuentre
descanso y herencia en Dios.
Finalmente, cuando se dice que Moshé hablaba con Dios de manera única y cercana, se presenta una sombra de la
relación perfecta entre el Padre y Yeshúa. Así como Moshé ocupó un lugar singular entre los profetas, Yeshúa posee una
comunión única con el Padre y lo revela plenamente a la humanidad.
Enseñanza central: Toda esta sección muestra que Dios prepara, guía, redime y conduce a su pueblo hacia el reposo
prometido. Desde una lectura mesiánica, cada uno de estos elementos —la purificación, el cordero de Pesaj, las
trompetas, Judá al frente y el arca que guía el camino— señalan aspectos de la obra y misión del Mesías Yeshúa.
En esta parashá se encuentran los mandamientos 380 – 384 de los 613:
380. Precepto de ofrecer la segunda ofrenda de pésaj el 14 de iyar para alguien que no pudo hacerla
el 14 de Nisán, Números 9:11.
381. Precepto de comer la segunda ofrenda de pésaj con matsá y hierbas amargas, Números 9:11.
382. Prohibición de dejar carne de la segunda ofrenda de pésaj para el día siguiente, Números 9:12.
383. Prohibición de romper huesos de la segunda ofrenda de pésaj, Números 9:12.
384. Precepto de tocar las trompetas en el Santuario y en la guerra, Números 10:9.
